Más de 500 chicos de Seguí están padeciendo hambre por graves fallas del Gobierno
viernes, 10 de julio de 2009
Texto y fotos. Teódulo Domínguez
 
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"A todos mis hijos les dí la teta", dice la madre de la pequeña Elsa
  La nota anterior sobre la ausencia de ayuda alimentaria a decenas de chicos de Arturo Seguí, La Plata, no sirvió de nada.
La peor sensación que sufre un periodista cuando mide el efecto de su trabajo, es la frustración.
Nadie reacciona. Nadie responde. Nadie acude a un lugar denunciado como altamente conflictivo porque más de 500 chicos de la primaria y del jardín de infantes del edificio de la Esc.32, de Arturo Seguí, no están recibiendo sus raciones de comida que, hasta hace días y por la emergencia conocida, fueron suspendidas en los comedores del lugar.
No comer, sufrir hambre física, no alimentar el cuerpo y llevarlo, gradualmente, a límites de inanición, no es noticia para las autoridades ni para la prensa.
No recibir la ayuda oficial y acostarse esa noche con la panza vacía, no tiene gancho informativo.
No es responsabilidad de Bruera ni de Scioli.

Todos los días se mueren en este privilegiado granero del mundo unos 25 chicos por efecto indirecto del
hambre. El 70/75% de los chicos muertos podrían haber sido salvados si la Presidenta, el sistema de salud y los médicos hubieran cumplido con su deber. No lo dice el periodismo. Lo afirman los especialistas de la medicina.
Image Este 70/75% de chicos han muerto por “abandono de persona”.
Y nadie, ni uno, ha sido procesado y condenado por crimen de lesa humanidad.
Ni siquiera por “incumplimiento de los deberes públicos”.
La mayor parte de los médicos que firman el certificado de defunción dice que la causa de la muerte fue por “paro cardiorrespiratorio no traumático”.
ImageEntre el médico que firma este certificado, la autoridad que tapa el hecho terrible de una muerte por inanición, y los medios que miran para el costado porque la muerte infantil se ha convertido en una rutina, entre todos, entierran la noticia con tan alta eficiencia que persuaden hasta el ruidoso y sangrante canal Crónica TV de que “aquí no ha pasado nada”.
La triste y lamentable vedette de turno, en este momento, es la gripe A.
Todas las demás causas de fallecimiento, incluidas las muertes por gripe común, ni siquiera son consideradas en reunión de secretarios de redacción.

Image De cualquier manera, contra médicos cómplices, autoridades irresponsables y medios que necesitan oculistas, otorrinolaringólogos y patrones axiológicos, en Arturo Segui continúan pasando hambre más de 500 niños que hasta hace unos días se alimentaban, mal o bien, en los comedores de la escuela del lugar: uno del jardín de infantes y el otro para chicos de la primaria.
Al comedor de la escuela primaria concurren unos 320 chicos.
Al jardín de infantes, dijo una fuente, más de 250.
Desde que se declaró la emergencia por la gripe A y las escuelas fueron cerradas, también quedaron cerrados los comedores.

Image Hoy estos chicos indigentes, en sus viviendas precarias de barrios carenciados, no comen lo mínimo necesario, y eso lo perciben con toda claridad aunque no lo sepan gritar ni traducir.
Los padres de algunos chicos, no se sabe cuántos, han recibido el martes 7 entre las 10 y las 12 paquetes de alimentos “secos”. Nada de carne, nada de frutas, alimentos que reciben diariamente en los comedores.
No se sabe qué está ocurriendo con la provisión y los proveedores de carne y de fruta, comentó una madre, porque en los paquetes de emergencia estos productos no se incluyen. Demás está explicar el valor nutritivo e irremplazable que constituyen carne y verduras en la dieta de un niño.

Image Aunque no hace a la diferencia y es imbécil entrar en comparaciones, estos chicos no están viviendo en Africa, no son víctimas inocentes de una guerra entre bandos enfrentados ni viven en el medio de la selva del Chaco.
Son chicos de Arturo Segui, La Plata, capital de la provincia más rica de la Argentina, uno de los poquísimos países considerados graneros del mundo.
En 2007, dijo el matutino “La Nación” en primera planta, que la Argentina exportó 30.000 millones de dólares sólo en alimentos.
Estos chicos de Segui, como de millares de poblados indigentes del país, -del Norte y del Gran Buenos Aires-, son habitantes de la misma Argentina que exportó en 2007 esta fabulosa riqueza alimentaria para solucionar el hambre extranjera.
 
Image De La Plata es intendente municipal el abogado Pablo Bruera; de la provincia de Buenos Aires es gobernador el Sr. Daniel Scioli.
Los dos mandatarios conocen la denuncia de este portal porque varios de sus funcionarios recibieron de hecho la nota anterior en sus computadoras.
El mecanismo automático de respuesta a este portal dice “leído” en muchos casos y, sin embargo, ninguno dio orden a nadie de presentarse en Seguí para tomar medidas urgentes.
La escuela sigue cerrada, nadie atiende en ella; se exhibe todavía el mismo cartel del martes último con el horario para retirar bolsas de alimentos.
Las consultas de tres días atrás de este portal en uno de los barrios paupérrimos de Segui, siguieron el mismo patrón de la consulta realizada dos días atrás: las respuestas fueron que entregaron a algunos una bolsa de alimentos el martes 7 entre las 10 y las 12 y, a partir de ese momento, todo enmudeció en la escuela.
Image ¿Cuántos chicos quedaron en la calle, sin el comedor y sin la bolsa de alimentos?
Nadie lo puede confirmar. ¿ Son decenas? ¿Centenas?  De los 570 chicos que concurren a las escuelas, ¿cuántos chicos no están comiendo porque el Gobierno no hizo funcionar la provisión?

Una madre dijo ayer al mediodía, 10 de julio: “De los 7 hijos que tengo, 5 comen en la escuela, 3 en la escuela primaria y 2 en el jardín de infantes. Me dieron una bolsa para todos y hasta el 21 de julio no me darán la otra bolsa. El cierre del comedor me creó un grave problema porque ahora los chicos no comen allá, están conmigo en la casa y yo los tengo que alimentar con una bolsa de alimentos. ¿Saben qué me dieron para los 5 chicos y hasta el 21? Un kilo de harina, 2 paquetes de fideos, un kilo de azúcar, un kilo de arroz, medio kilo de yerba, un litro de aceite, algo de leche en polvo y 2 purés”
Los chicos son: María 13 años; Ernesto, 11; Roberto, 9; Ana Laura, 6; y Enrique, 3.
El cronista le pregunta a la mayorcita, María: ¿Qué comiste anoche para irte a dormir?
“Nada”, contestó.
Esta misma pregunta la hizo el cronista días atrás a una nena de María, otra vecina del lugar, y la respuesta fue idéntica: “Nada”. La nena tiene 5 años.

Otra madre volvió a confirmar que recibió una bolsa de alimentos para su hijo Isaías, quien concurre al jardín de infantes. “Pero tampoco hoy pude conseguir alimentos para mi otro hijo, Josué, porque no había nadie en la escuela para los que van a la primaria.
“La escuela está cerrada, no atiende nadie, no hay a quien pedirle, y nos tenemos que arreglar”.
En el lenguaje de una familia sometida por un régimen de pobreza y, al mismo tiempo, educada en la escuela de la mansedumbre y la sumisión, “nos tenemos que arreglar” significa degradar su condición hasta las últimas consecuencias, es decir, inclusive la muerte de un hijo por inanición lenta y progresiva.
También visitamos a la madre de otros 7 niños y el informe es muy similar.
Los niños damnificados de esta madre son Marcos, Mateos, Diana, Ruth, Johana, y la pequeña Elsa de un mes de vida. Elsa tiene un mes de vida y ante la pregunta del cronista respondió la madre: "A todos mis hijos les dí la teta".
Tres de los chicos de esta familia van al jardín y por ello recibieron una bolsa de alimento; otro de los niños es alumno de la primera y, hasta hace unos días, se alimentaba en el comedor de la escuela. Para este último chico no hubo bolsa alimentaria.
Hoy todos comparten lo poco y la nada, porque el sistema de Bruera y Scioli los condena a no comer como solución total a una emergencia sanitaria que ha cerrado la única fuente que los sostenía fuera del hambre institucionalizada.  
Según una fuente, la orden del gobierno bonaerense era proveer a los chicos los días 7, 8, 9 y 10. Ayer fue 10 y en la escuela no hubo nadie para entregar nada. Nadie para informar.
Una madre, muy indignada, denunció: “En la escuela hay bolsas para dar y no las dan”.