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Una curiosa coincidencia entre la Presidencia de la Nación y una revista platense Imprimir E-Mail
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domingo, 09 de agosto de 2009
   
Texto y fotos: Teódulo Domínguez

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Foto de "La Nación" publicada ayer. ¿De qué se están riendo los funcionarios luego de hablar del dengue?
Un sorprendente punto de contacto se generó ayer, cuando el matutino La Nación, de la Argentina, publicó una nota que habla de la inclusión de militares “en la lucha contra el dengue”.
Ocurre que días atrás, en una modesta y pequeña revista mensual, “Infu”,  de Villa Elisa, La Plata, se publica también un título similar, pero referido a declarar la guerra oficial del Estado contra la muerte de los chicos por efecto primario del hambre.
Naturalmente, una cosa es que “La Nación” difunda un proyecto oficial de la Presidencia, y otra muy distinta que una hoja mensual de un pueblo haga conocer su opinión a un limitado público de 10.000 lectores.
La importancia de la coincidencia no hay que buscarla en que los dos medios hablan de combatir una determinada causa de muerte, sino que los dos utilizan términos como “lucha”,  “combate” y “Fuerzas Armadas” como fortísimos poderes y herramientas para erradicar un mal de cuajo.
El gran “punto de contacto” es la convocatoria a las fuerzas armadas, un hecho  fundamental como
solución final a males que están amenazando la vida de millares de personas.
La gran novedad consiste en que la Presidencia de la República está mostrando su fuerte decisión de erradicar un mal, el dengue, de manera contundente y en el tiempo más corto posible.

Está diciendo que si los mecanismos usados hasta ahora, y el número de personas volcado al fin de eliminar la amenaza de una patología, no son suficientes ni los resultados convincente, el Gobierno central apela a la última reserva de su poder de fuego para garantizar resultados finales.
La propuesta de la revista, en cambio, es una idea concreta, seria, responsable, pero sus autores saben de antemano que ante el público y más aún, ante la Presidencia, la gente del medio está manejando una utopía romántica, desproporcionada y de muy precaria atención oficial.

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¿A quién mueve o conmueve aquello de que hay que convocar a las Fuerzas Armadas para posicionarlas en el Chaco, Formosa, Jujuy, el Gran Buenos Aires, etc., para aplicar su logística bélica en el combate contra el hambre, la desnutrición y las enfermedades y muertes que esta pandemia genera?
¿Cómo lograr que los militares dejen sus cuarteles y emprendan una lucha en auxilio de sus conciudadanos?
La Presidenta y jefa de la Fuerzas Armadas termina de probar que este factum es posible, que está dentro de la Constitución, que nadie puede negar esta facultad del Poder Ejecutivo y que el acto político de convocatoria es indiscutible y cierto.  De allí a materializar en el terreno el propósito de la orden le queda al Gobierno un trecho muy grande por recorrer. Es otra etapa y el Gobierno deberá enfrentar el éxito o eñ fracaso de su estrategia actual
.  
Cuando la revista propone la guerra no utiliza una metáfora rimbombante. Dice que la Presidenta, su gabinete, todos los ministros de Salud y las Fuerzas Armadas, entre otros poderes, deben volcar toda su logística en erradicar las causas de la muerte de más de 9.000 chicos por año en el país. 
En cuanto al rol de las Fuerzas  Armadas, no es difícil imaginar qué pueden logran tan pronto: 
 * instalen sus tiendas de campaña en decenas de frentes de lucha,
* incursionen con sus camiones y jeeps en la selva y el desierto,
* apoyen el paso de los trenes sanitarios que funcionan en estas tareas
* lleven a médicos, enfermeros y estudiantes de toda especialidad hasta los rincones más ocultos y alejados del país,
* utilicen sus unidades de asistencia inmediata,
* abran laboratorios de emergencia en cada lugar,
* instalen líneas de intercomunicación allí donde hoy no existen,
* se muevan con sus notebooks via satélite para resolver problemas grandes y pequeños,
* vacunen y asistan en actos preventivos con sus equipos médicos,
* enseñen a crear alimentos frescos de consumo inmediato,
* apoyen a los gobiernos provinciales en la creación de microemprendimientos de trabajo con créditos sin intereses,
* eliminen focos infecciones en viviendas, cursos de arroyos, yuyales, bolsones de residuos al aire libre,
* ayuden a construir viviendas seguras, dignas, con agua potable, antivinchucas, de bajo costo con participación de cooperativas integradas con los mismos ocupantes.
 
No se concibe que los gobernadores e intendentes, al frente de sus gabinetes de secretarios y directores, dejen de aportar sus estructuras de personal, máquinas, vehículos y fondos para sumarlos sin pretextos a esta guerra que se está haciendo en defensa de sus provincia y municipios.
Desertar en estos casos, debe considerarse “alta traición a la Patria”, más allá de los preceptos clásicos nunca condenados, con funcionarios presos, de “no cumplimiento del deber público” y “abandono de persona”.

Muchos de estos centro de salud, llamadas “salitas” como las que se observan en el Gran Rosario, el Gran Buenos Aires, el Gran La Plata, quedarían para siempre como unidades de asistencia urgente en extramuros, con ambulancias en la puerta, como expresión de que la guerra contra la muerte de embarazadas y niños hasta los 10 años, ha sigo ganada.
¿Qué otra guerra sería más victoriosa, despertaría más entusiasmo, recibiría más aplausos en el país?  

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Al pie de la tapa se hace la propuesta referida
La revista lo propone con todas las letras.
Dice: “El 9 de agosto se recuerda el Día del Niño. Ese día habría que declarar la guerra al hambre de los chicos, poner la Economía al servicio de esta causa, y en las primeras filas de esta lucha contra el enemigo mayor del país, el hambre,  a la Presidenta, su gabinete, los titulares de Salud  y todos los hombres de las Fuerzas Armadas.
Se mueren por hambre más de 9000 chicos por año, el mayor holocausto del país y para el Gobierno y la prensa no es noticia”.

El Gobierno anunció esto mismo, contra el dengue, el 7 de agosto.
Una semana antes la revista “Infu” propuso una guerra similar.
La idea es, ahora, entroncar las dos luchas y combatir contra el dengue y la muerte materno-infantil hasta la derrota total de los dos flagelos.

Debe considerarse importante y trascendente la decisión del Poder Ejecutivo nacional, al ordenar a sus fuerzas armadas que se subordinen a las órdenes del nuevo ministro de Salud, para que el alto funcionario cuente con el apoyo máximo de oficiales, suboficiales y tropa en una lucha no bélica sino sanitaria para derrotar un mal que cobra millares de valiosas vidas de este país riquísimo.
 
Las fuerzas armadas forman parte del personal del Estado y su misión específica, se sabe, es garantizar la defensa del país contra una eventual agresión extranjera.
Mientras el conflicto bélico no existe, también se sabe, las Fuerzas Armadas tienen  presencia geopolítica en lugares, como la Antártida, donde se realizan distintas investigaciones, al tiempo que ejercen un status de precaria soberanía en conjunto con otras naciones.
Ante una grave emergencia natural, cuando los elementos se desmadran, las FFAA actúan con sus recursos para auxiliar poblaciones.
Hoy, el país debe utilizar a sus FFAA para combatir las causas que matan chicos, millares de chicos. Tan pronto el combate contra los factores de muerte desaparezcan en gran medida, las FFAA volverán a sus cuarteles. Mientras tanto, es absolutamente incompatible la función de las FFAA con la existencia de un flagelo que se cobra vidas como si fueran abatidas por el enemigo en un frente de guerra.   
 
Aunque la cuestión de “sacar a las fuerzas armadas de su rol especifico” todavía despierta  reacciones, en el caso actual de la Argentina, la solución contra epidemias como el dengue y la muerte por hambre, sólo se puede lograr con la intervención temporaria de las fuerzas armadas.
Por allí anda una propuesta trasnochada que intenta persuadir la teoría de que anular la actual hambruna en la Argentina llevará 20 años, en un país que puede generar cada día comida para 300 millones de personas y lo ha probado 2 años atrás cuando exportó 30.000 millones de dólares “sólo en alimentos”.

Ante graves calamidades cíclicas o accidentales, y con todas las limitaciones conocidas, ninguna organización como las fuerzas armadas cuentan con número de gente habilitada, máquinas, aviones, naves, vehículos e instrumental tecnológico, para enfrentar de inmediato estas calamidades sociales, como hambrunas, enfermedades, muertes, falta de caminos, aislamientos,  desastres geológicos, incendios graves e inundaciones sorpresivas.
 
¿Acaso no están desarrollando estas tareas las fuerzas armadas argentinas en otros países, como Haití? ¿Por qué Haití y no la Argentina?
¿Qué hacen los médicos Sin Frontera argentinos en Africa mientras lo mismo que los ocupa en ese continente está sucedienco en el Norte de nuestro país?

En estas reflexiones se apoya la gente de la revista cuando, obligada por imperativos profesionales ante una desgracia crónica como la muerte de niños por hambre, propone una solución concreta, factible o, en último caso, de accesible análisis dentro de los organismos pertinentes del Gobierno.

Dice “La Nación” que el “gobierno nacional dispondrá que las Fuerzas Armadas participen en el combate contra el dengue”.
Para lograr este significativo propósito “se usará el sistema logístico militar para que los municipios de todo el país puedan recolectar y transporta los cacharros abandonados en la vía pública, principales focos para el crecimiento del mosquito que transmite la enfermedad”.

El Gobierno, en consecuencia, ha convocado a los titulares del Consejo Federal de Salud, los ministros de Salud de todo el país y todos aquellos que tengan una función dentro de esta propuesta presidencial
Añade el matutino que el ministro nacional de Salud “se mostró entusiasmado con el compromiso alcanzado de sus pares provinciales para realizar acciones coordinadas tendientes a contener la probable epidemia que se espera para la primavera”.

Mientras tanto, ¿qué pide la revista de Villa Elisa?
Exactamente lo mismo. Este nuevo comentario sobre la mortalidad materno-infantil no es el primero que la revista publica en sus 18 años de actividad.
Son múltiples las notas en www.tdperiodismo.com y www.e-infu.com sobre la muerte en el país de unos 25 chicos por día, más de 9000 por año, por las causas mediatas “hambre, desnutrición y graves fallas en la asistencia médica de los niños y embarazadas desnutridos o mal alimentados”.
 
El certificado médico de defunción por estas causas mediatas suelen consignar, en un número increíble de casos, que la muerte del niño se debió a un “paro cardiorrespiratorio no traumático”, lo que representa una muy reprobable y ligera tipificación, aunque ajustada a derecho.  
¿Qué estadísticas se pueden llevar en centros de investigaciones sobre el hambre, la neumonía y diarrea, la “matanza” gradual de defensas celulares, la grave disminución de neuronas, la baja talla, la población de minusválidos  y otras calamidades que sufren los desnutridos y mal alimentados, si para un número alarmante de médicos la causa de la muerte cae en el generalizado y  facilista “paro cardiorrespiratorio no traumático”?

Por estas razones, hay graves confusiones de número en esta cuestión de la muerte materno-infantil en nuestra república; se habla en los medios de 8 niños muertos por día en el país, mientras un propuesto premio Nobel asegura a rajatabla que son 10 los chicos muertos cada día y la cifra es harto “levantada” en numerosos medios como palabra sagrada. Luego el ministro de Salud de Buenos Aires, Claudio Zin,  señala que sólo en su provincia se mueren 10 chicos por día y las cifras más confiable hablan de 25 niños, lo que equivale a admitir la muerte de más de 9.000 chicos por año.
Al mismo tiempo, algún despistado funcionario no sólo miente sino que expresa alegremente “se están muriendo menos chicos en el país”, como si el problema ya no existiera y hubiera algo que festejar.

En el mismo número de la revista “Infu”  se pide al intendente Pablo  Bruera, de La Plata, que inicie una investigación en el pueblo de Arturo Segui por presuntas y graves irregularidades que habrían sufrido unos 570 niños en el reciente operativo de “bolsas de alimentos secos”, en reemplazo de los cerrados comedores por efecto de la gripe A.
Las denuncias señalan a niños sin alimentación suficiente, sin complementos de verduras, frutas y carne e, inclusive, que habrían ocurridos maniobras dolosas con las “bolsas” en beneficio personal.

La revista “Infu”, luego de esta nota de “La Nación”,  está analizando muy seriamente la necesidad de una entrevista con el ministro nacional de Salud, Dr. Juan Manzur, para gestionar una estrategia similar a la anunciada ayer, con todos sus detalles e incluidas las fuerzas armadas, y concretar el proyecto del medio en cuanto a “declarar la guerra oficial a la muerte por hambre de los chicos”. 
Todo apoyo de cualquier lector de este comentario, para lograr esta entrevista será muy reconocido. Mensajes: 0ba4c54b1ab34325255fb8f7d168e997
 
Al mismo tiempo, agradece a sus colegas de la prensa, profesionales de todas las actividades, personas y entidades en defensa del niño, a sumarse a esta campaña y hacer realidad la frecuente afirmación médica,  cuando asegura que “si estas madres y niños hubieran sido asistidos a tiempo, el 70 u 80% de las muertes no hubieran ocurrido”.
El 70% de 9.000 son 6.300 chicos por año,  quienes no morirían si la propuesta de la revista tiene éxito. 

 
 
 
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