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El Espacio Jardín del Encuentro, está pensado para ese grupo de personas que desee reinventarse creativamente. Este espacio le propone explorar las potencialidades individuales ofreciendo lograr, en tres días: tomar conciencia de uno mismo, centrarse en el cuerpo, contactarse con las emociones, con los obstáculos; para liberarlos y experimentar la posibilidad de transformarlos en nuevos proyectos personales.
Actividades Propuestas:

    I.       Técnicas de Respiración y Meditación.
   II.        Técnicas de Flexibilización Corporal.
  III.         Desintoxicación del Cuerpo (alimentación sana y natural)
 IV.         Talleres:
a)   Autoestima y Creatividad con aplicación de técnicas Gestálticas y Programación Neurolinguistica.
b)   Encuentro con el niño interior.
c)   Comprendiendo las emociones: miedo-vergüenza-bronca-ira etc.
d)   Desarrollar y potenciar la energía creativa.
e)   Películas para reflexionar- intercambiar y compartir.
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En lugar de operativos para secuestrar armas, inocentes detenciones de supuestos alcoholistas Imprimir E-Mail
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jueves, 13 de noviembre de 2008
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El coche del cronista y otros, de los que venían "por adentro" y a menor velocidad
La imaginación del gobernador de la provincia y su ministro de Seguridad quedó probada hoy, durante un operativo en Villa Elisa, para medir el grado de supuesta alcoholemia de circunstanciales conductores.
Si la calidad del manejo de los 50.000 policías de la provincia de Buenos Aires, fue representada en este operativo, Scioli y su ministro de Seguridad no pasaron los 2 puntos en una escala de 0 a 10 en su libreta de calificaciones escolares.
En cambio, si lo registrado hoy en Villa Elisa fue una expresión menor, no es justo envolver al resto de la fuerza por esta calamitosa experiencia.
Aunque habría que hablar con el jefe máximo del operativo “Alcoholemia” y sugerirle que se vaya porque el papelonazo de Villa Elisa fue insoportable.
Los cronistas italianos suelen llamar a estos episodios "opera bufa", por sus elementos contrastantes entre el "debe ser" y el “ser” o como el muy nuestro dicho argentino "es lo que tenemos".
En la redada le tocó al coche de Infu, cuyo conductor fue obligado a estacionar frente a la plaza central.

 

¿A quién se le ocurrió este “importante” operativo
con tanta respuesta por hacer contra los chorros?


El cronista entregó el registro a los dos policías que lo abordaron. Luego uno de ellos aclaró que era una prueba de alcoholemia. Allí comenzó la opereta bufa.
El cronista conjeturó: ¿A las 16.30, un calor que superaba los 30 grados, frente a la plaza de Villa Elisa,  siete policías con varios vehículos se ocupan de saber si eventuales conductores estaban pasados de alcohol?
¿No se dice que estos operativos se hacen en las grandes rutas con extremados riesgos de accidentes, poblados de grandes camiones, con el fin de evitar accidentes?
¿No se dice que estos operativos se hacen los viernes, sábados y domingos, por la madrugada para tratar de evitar que más de un pibe, medio mamado, pierda el control y se maten todos?
¿No se dice que la escasez de policías es un grave problema porque el 45% son mujeres policías, porque no hay lugar para poner un preso y cuando hay que vigilar institutos de menores, algunos se escapan porque no hay policías de guardia?

A la sombra y en infracción

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Mientras el conductor de un camión aguardan, tres agentes y su jefe resuelven el caso a la sombra y dentro de la plaza
  No era broma, era cierto. Si aquí, en la pacífica y pueblerina ciudad de Villa Elisa había 7 policías -no 2 ó 3-, dedicados a los supuestos "borrachitos", es obvio que otros 10 equipos están en otros sitios haciendo lo mismo.
El cronista, mientras le mostraban la pipeta que debía soplar, expuso a los dos policías sus primeros interrogantes: ¿Otra vez el pobre contra pobres? ¿Otra vez la policía para viejos coches, camionetas, y no para coches último modelo o con vidrios polarizados?
Un policía joven intentó responderle al cronista y éste le replicó “No es así. Yo te estoy pagando el sueldo y tu trabajo tiene que ser profesional”. El policía joven apeló a una respuesta torpe “Yo también pago los impuestos”.
Se realizó la prueba y el cronista supo de inmediato que jamás, luego de las primeras escaramuzas, el fallo lo iba a favorecer.
“Si, es alcoholemia”, dictaminó el policía.
“Puede ser, -respondió el cronista-; terminó de almorzar y no bebo gaseosas”.
Según la norma, hasta que el conductor cuestionado no manifieste una disminución sensible en su supuesto exceso de alcohol en su cuerpo, no debe abandonar el lugar.
La esposa del cronista, cámara digital en mano, registró el momento de la prueba.
Como el sol, y más dentro del coche, era matador, la mujer del cronista bajó del coche y se refugió a la sombra, bajo unos árboles de la plaza.
No era la única en el operativo que se refugiaba en la sombra.
Mientras una parte de los 7 policías se encargaba de obligar a conductores a parar al lado del cordón, otros policías, incluido el jefe, habían resuelto que la tarea se podía realizar,  sin mengua de la calidad profesional, a la sombra.
Allí estaban, como lo muestran las fotos, a la sombra y con sus coches a la sombra, pero en absoluta infracción a las normas de Control Urbano.
Uno de los vehículos, luego de pasar encima de los mosaicos de la acera, fue estacionado dentro de la plaza. Parte del motor quedó dentro de la acera, con lo cual obstruía el paso de los  transeúntes, innecesariamente. Como exhibición ejemplar de respeto a las normas, fue un papelón.
Nada justificaba este quiebre de la norma de tránsito en cuanto a respetar el lugar.
El coche debía estar, como todos, sobre la calle, no dentro de la plaza. Si el coche estaba allí, era porque había sombra y sus ocupantes hacían su tarea más confortable.

Un resultado paupérrimo

El cronista resolvió hacer su nota. Estaba servida en bandeja y no siempre se dan circunstancias tan favorables como esta que lo tenía de protagonista.
Se dio a conocer como periodista y les dijo a dos policías: “Ustedes hagan su trabajo, yo hago el mío”.
A partir de allí la nota fue reveladora para el cronista pero paupérrima para los expertos en alcoholemia.
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Un conductor que transitaba por la vía rápida es obligado a estacionar. Fue uno de los pocos casos y, tal vez, porque estaba el cronista
  Para ratificar el teorema de “pobres contra pobres” y “palos a los infelices que no se quejan ni ofrecen problemas”, los policías hacían señas a los que venían por adentro, los de menor velocidad; a veces y porque el cronista estaba allí, hacían bajar a un conductor que venia por la mano rápida.
En todos los casos, durante la media hora que el cronista dedicó para registrar elementos para su nota, todos los “probeteados” o “sopladores” pasaron el examen sin problemas.
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Un caso típico de inspección; el conductor debe soplar y luego sabe, según el inspector, si se puede ir o no. Un gran número demostró su normalidad
  La experiencia de la brigada de 7 policías estaba resultando desalentadora.
El rédito de la caza de probables alcoholistas se limitaba a dos conductores de sendos camiones que eran considerados infractores no se sabe en qué articulado del código de tránsito. 
El operativo había fracasado, estaba fracasando y algún experto en alcoholemia deberá explicar el porqué.
Como ahora se dice en las películas: “Los siete policías estaban en el lugar equivocado, a la hora equivocada” y sin la mínima imaginación para darse cuenta, ni equivocados, por qué se estaban equivocando.

¿Cómo sabe el ciudadano que no está siendo manipulado?


Cuando ya había pasado casi media hora de hacer pasar a todos por la pipeta y su carga semioxigenada, mientras los policías seguían parando inocentes, y no había forma de obligar siquiera a uno a quedar retenido hasta que se le pasara la supuesta “mamúa”, un agente joven se acercó al cronista y le dijo “usted no está detenido, se puede ir”.
“No te molestés conmigo, yo estoy trabajando, cuando termine me voy”.
“Usted está obstruyendo el trabajo policial. Retire su coche y váyase”.
“Creo que el que está obstruyendo el paso es el coche de ustedes que está subido a la plaza y la trompa ocupa parte de la vereda, con lo cual no deja pasar a la gente, está en violación a las normas de Control Urbano, sin necesidad, sólo porque allí hay sombra”, le advirtió el cronista.
El policía no soportó el reproche docente. El cronista consideró que tenía dos caminos: o se iba o daba lugar a una medida por entorpecimiento a la policía.
En realidad lo que estaban entorpeciendo todo, desde que empezaron el operativo, eran los 7 policías.
¿A quién se le ocurre que en un día jueves, a las 4.30 de la tarde, con un sol que rajaba el pavimento, había que hacer un operativo “Alcoholemia”?
Si hubieran trabajado a destajo, con las comisiones que les hubieran tocado, hoy se hubieran muerto de hambre.
A propósito, ¿en qué quedamos? Si la prueba de alcoholemia había sido nefasta para el cronista ¿por qué ahora se sabía que la prueba había sido negativa? ¿Por qué la primera expresión "es alcoholemia" de uno de los agentes y media hora más tarde, sin la segunda y obligada prueba, el cronista se podía ir? Es obvio que algunos policías no son serios en estas pruebas. Y es cierto. ¿Cómo demuestra el conductor que el juicio del policía es veraz? ¿Cómo sabe el conductor que su supuesta alcoholemia no está siendo manipulada? ¿A quién apela para saber la verdad?

¿También les hacen soplar la pipeta a legisladores,
jueces, policías, dirigentes y amigos del poder?

La presión del policía con su sugestivo gesto de se va o lo meto preso volvió a enojar al cronista y de esta irritación salieron las mismas sugerencias que ya ha dado en otras circunstancias similares en sus largos 60 años como periodista.
En consecuencia, mientras volvía a su viejo Fairlane, año 1981, le fue diciendo a los policías:
“No es justo lo que están haciendo. Ustedes se dedican a coches pobres con gente fácil. Hace un rato que estoy aquí. Ví pasar a varios coches con vidrio polarizados y ustedes no pararon a ninguno ¿Por qué?
“Ustedes no paran a senadores, ni diputados, ni concejales, ni jueces, ni policías, ni dirigentes; nos paran a nosotros, los supuestos infelices, los fáciles…
“Nosotros les estamos pagando los sueldos a 50.000 policías y lo único que veo es este operativo de alcoholemia mientras a nosotros, la gente, nos asaltan todos los días.
“¿Por qué no me hacen abrir el baúl, a ver si tengo droga o armas? Este es el trabajo que tienen que hacer, todos ustedes, los 50.000, todos los días, en todas las calles, no esto de la alcoholemia. Nosotros les pagamos para que nos protejan, no para que no revisen como enfermos.

Si no hay operativos para secuestrar
armas, la policía no le sirve a la gente


Cabe recordar que en otros operativos, el cronista dijo lo mismo a un grupo de policías fuertemente  armados, en el Camino General Belgrano,  que lo paró para pedirle la “verde”, y el cronista le reprochó que hicieran trabajo de inspectores de tránsito, en lugar de revisar cuanto coche paraban para ver si había armas, municiones o drogas. En esa ocasión, invitó  al jefe del operativo a que le hiciera abrir el baúl y lo revisara para ver si el cronista llevaba armas.  Lo mismo ocurrió en otra ocasión a la bajada de la autopista en Dock Sud.
En el ministerio de Seguridad hay, cajoneados, desde hace más de 10 años, reiterados proyectos del cronista para que la policía en operativos sorpresa detenga, a cada momento y en cualquier lugar, a coches, micros, camiones, camionetas, motos - con alta educación y altísima eficiencia profesional-,  con el único objetivo de secuestrar armas y municiones, así como detener a los supuestos delincuentes.
Nunca se recibió respuesta de ministro alguno. Si los proyectos hubieran sido aplicados, hoy habría decenas de inocentes vivos, no hubieran ocurrido varios secuestros, muchos asaltos en la vía pública y en domicilios no se hubieran registrado; los noticieros televisados mostrarían estos operativos en lugar de protestas barriales por gente asesinada en asaltos a viviendas, empresas y negocios.

Una estrategia muy pocas veces practicada por los gobiernos


Así están las cosas. No hay que subestimar lo ocurrido hoy en Villa Elisa. Es una mínima muestra de la capacidad mental del gobernador y su ministro de Seguridad para enfrentar el delito en la provincia de Buenos Aires.
Los policías reciben órdenes. Los que hoy estuvieron en Villa Elisa y, a nuestro juicio, ejercieron una tarea con muy pobres resultados, también recibieron órdenes de su jefe inmediato superior. Así la cadena, hasta llegar al ministro y luego a Scioli. Si los dos máximos responsables del accionar policial están ordenando estos operativos en lugar de usar la gente en cuestiones graves e impostergables, poco y nada debe esperar la población en cuanto a ver sus vidas y valores asegurados.
Cabe suponer que si en Villa Elisa actuaron 7 policías con sus pipetas, grupos similares estuvieron hoy en varios sitios más haciendo lo mismo.
Un lujo que La Plata y el Gran Buenos Aires no se puede permitir, mientras la delincuencia se apodera de la calle y la gente vive angustiada detrás de rejas como si fueran delincuentes.
Si en lugar de utilizar a estos grupos de 7 valiosos policías para detener supuestos alcoholizados, Scioli y su ministro los ubican en distintas rotondas alternadas, con policías sin celulares, la prensa publicaría cada día decenas de noticias con decenas de detenidos por llevar armas y municiones en sus rodados.
No cabe la menor duda que para los delincuentes, esta forma de accionar policial sería un serio problema a resolver.
No es lo mismo “trabajar” con relativa garantía de impunidad, a ser “apretado” a cada instante, en distintas calles y rotondas, cada vez que la policía fuertemente armada y numerosa, obliga respetuosamente a bajar del rodado y todo es revisado en busca de armas y municiones.
Si alguien piensa que la gente se molestaría por estas redadas públicas a cualquier hora, se equivoca feo. Por el contrario, los que no tienen nada que ocultar, aplaudirían a la policía cada vez que tienen que bajar de su coche o de un micro, porque saben que les están defendiendo las espaldas y se están llevando a los portadores de armas para que expliquen sus razones.
Es lo que se debe hacer en una democracia, en defensa de los ciudadanos.

Teódulo Domínguez

 
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