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El Espacio Jardín del Encuentro, está pensado para ese grupo de personas que desee reinventarse creativamente. Este espacio le propone explorar las potencialidades individuales ofreciendo lograr, en tres días: tomar conciencia de uno mismo, centrarse en el cuerpo, contactarse con las emociones, con los obstáculos; para liberarlos y experimentar la posibilidad de transformarlos en nuevos proyectos personales.
Actividades Propuestas: I. Técnicas de Respiración y Meditación. II. Técnicas de Flexibilización Corporal. III. Desintoxicación del Cuerpo (alimentación sana y natural) IV. Talleres: a) Autoestima y Creatividad con aplicación de técnicas Gestálticas y Programación Neurolinguistica. b) Encuentro con el niño interior. c) Comprendiendo las emociones: miedo-vergüenza-bronca-ira etc. d) Desarrollar y potenciar la energía creativa. e) Películas para reflexionar- intercambiar y compartir. Duración: convivencia de 3 días Horario de Inicio: jueves a las 9 hs. Finaliza sábado 18hs. |
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Hay 25 invitados en línea| El voto es de uno y hay que hacerse cargo de aquello que uno ha votado |
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| viernes, 25 de mayo de 2007 | |
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por Teódulo Domínguez
Cuando se propone “al que le jode la vida a uno, uno no debe votarlo nunca más”, estamos tratando de explicarnos el porqué de esa actitud masoquista de gran parte del electorado, cuando persiste en votar a aquellos que, terminada la elección, no lo recibe nunca más, no atiende sus petitorios, manda a archivo sus proyectos, no vuelve jamás al barrio para ver los problemas de la gente, no genera trabajo, no soluciona nada y todo sigue igual durante 10 ó 30 años de fidelidad.
Millares de personas ejercen el recurso de los piquetes”, mientras agreden, perjudican, prepotean a millares de ciudadanos. No es cierto que no hay otros recursos que el de embromarle la vida a los demás, impidiéndole el paso “de prepo”, apaleando coches, metiendo miedo a peatones y conductores, para beneficiarse gratuitamente con un aumento en el subsidio de 150 miserables pesos por mes o ser elegido para vivir sin trabajar. Estresan a millares de personas con el argumento de que defienden sus derechos. Millones de personas sufren el hambre, la indigencia, la enfermedad de sus hijos e, incluso, la muerte de sus hijos, y saben que los que los están hambreando, los que los enferman y matan están en el gobierno municipal, provincial o nacional. No son los empresarios, los comerciantes, los estudiantes, los profesionales, los deportistas, los que les enferman la vida y los mandan a la muerte. Son el concejal, el diputado, el senador, el intendente, el gobernador, el presidente de la República. Son los funcionarios nombrados por estos elegidos, algunos de los cuales aparecen en las nuevas listas, después que en sus cargos no han hecho otra cosa que medrar a expensas del privilegio concedido y el dinero habido en vacaciones permanentes. A estos elegidos y funcionarios, que exhiben conocidos nombres y apellidos, con fotos reiteradas en los medios, si les cabe una sanción por todas sus corruptelas e ineptitudes, no hay que votarlos en las próximas elecciones. ¿Qué impide castigarlos en la intimidad y el silencio del cuarto oscuro, con un voto que lo decide todo, de un solo golpe, en una única estocada a fondo? Millones de personas siguen sin trabajo o subocupados y saben que los autores físicos e intelectuales de esta degradante situación son los funcionarios de la municipalidad, de la provincia y de la Nación. Millones de hombres y mujeres están obligados a trabajar 10, 12 y 14 horas sólo para comer y atender exigencias básicas. ¿El ciudadano quiere protestar, decirles que son culpables de esta vida miserable?, pues ¿qué mejor recurso que negarle el voto en cada elección? Si hay un acuerdo total, es el que señala a la Argentina como un vasto país para dar de comer a 200 millones de personas; entonces, ¿por qué hay tantos millones de pobres, indigentes, hambrientos y muertos por estas causas fundamentales? ¿Por qué una capa de un millón de empresarios y financistas de nuestra sociedad come el 75% de la torta que elaboramos todos, y la otra capa de 36 millones de personas se reparte del 25% restante? No es necesario entrar a la facultad, ni siquiera pasar por la escuela secundaria, para darse cuenta de estas enormes falencias y déficit: una bruta ineptitud de los gobernantes, una brutísima ignorancia de qué hacer y cómo hacerlo; un abandono total y permanente de los deberes públicos; una fuerte tendencia a usar el cargo en beneficio propio; una clarísima complicidad con el poderoso y una clara señal de “negociados” donde millones de pesos de los impuestos son para unos pocos y el hambre para los muchos. Si bien las protestas callejeras son un valioso síntoma de disconformidad, el número de “protestantes” no representan el repudio globalizado. Si bien los carteles denuncian fuertes estados de ánimo, no expresan la bronca total de una población. Si bien el piquete logra espacio en los medios que les hacen prensa, los hambrientos de los piquetes no son el símbolo del hambre y la muerte por hambre en el país. Todos los días se mueren unos 30 chicos por desnutrición como causa original, y este número de la UNICEF no aparece explícita en los gritos, carteles y estridencias inconducentes. Si bien hay expresiones de censura y disconformidad en los distintos medios, no alcanza a ser ni el 0,001 % ciento de la rabia que revienta a millares de desplazados, desocupados, subocupados, discriminados, victimizados a lo largo y ancho de la república. No es necesario protestar en la calle ni vociferar frente al televisor; no hacen mella los piqueteros; no expresan a la población las quejas de todo tipo y color. Todo, por muy espectacular que parezca, es absurdamente insuficiente. Toda la bronca expuesta, no sirve de nada, desde el momento que nadie se va y, por el contrario, es vuelto a elegir. Las amenazas de que “se vayan todos” son fanfarronadas intrascendentes e inoperantes. Está irrefutablemente demostrado. Lo único que sirve, lo único válido, lo único contundente que impide el acceso al poder, es el voto. El voto premia o castiga. Los más votados ganan y se erigen en “el poder”; los menos pierden y regresan a sus viviendas. No hay otra fórmula. El mérito y la culpa son del elector, nunca del elegido. Esa expresión tradicional “la culpa no es del chancho…” sigue en vigencia y hasta ahora no ha sido superada. La función básica y fundamental del voto, tanto en la elección de una entidad, de un gremio, como gubernamental, es poner en cada cargo al mejor de la comunidad; al mejor hombre o mujer decente y capaz, al de fuerte carácter y poder de decisión, al de manifiesta vocación política –no vocación militante que es otra cosa muy distinta-, al mejor fiscal del pueblo, al mejor juez contra la injerencia ajena, al mejor padre de la patria, al mejor capitán que lleve el barco a puerto. La votación es un concurso y en los concursos se elige siempre al mejor en cada especialidad. Porque la ciudadanía no vota en concurso, termina votando al más “vivo”, al más “deslumbrante”, al más “pícaro”, al más “exitoso”, al “más carismático” como si la elección fuera la entrega de un Martín Fierro. Premia lo farandulesco, no la capacidad y el talento gubernativos. También el voto tiene la función de eliminar la escoria, de desplazar zánganos, de sancionar corruptos, de cortarles las alas a los inútiles y echar a los que calientan bancas e impiden, con su grotesca inoperancia, el crecimiento de la sociedad, la mejor calidad de vida. Por información, por olfato, por antecedentes, por ser víctima de un sistema y sufrirlo en carne propia, cada día, el ciudadano sabe donde le duele el golpe recibido, la herida abierta, la muerte de una esperanza. Si ejerce la memoria y no la anestesia, en el momento del voto debe aplicar justicia en su defensa y en defensa de su familia. Lo contrario es un vulgar suicidio moral. Hay una mitología de los “chantas” que manipulan a los “indecisos” con el cuento de que, inexorablemente, “a alguien hay que votar”, o que “votar en blanco es favorecer al oficialismo”. Estas frases extorsivas, que jamás tuvieron aplicación práctica en los organismos del Estado, salvo excepciones ridículas, es una forma de cohecho para arrimar votos al dueño del circo. Si alguien duda de esta afirmación, imagine en un rapto de fantasía, que de 20 millones de votantes 10 millones deciden quedarse en casa y otros 5 u 8 cruzan la boleta con una cruz en señal de repudio a uno o más integrantes de una lista. ¿Quién asume el cargo con un 2, un 3, un 5% de votos efectivos en las primeras minorías? No es la primera vez que el repudio en una votación ocupa el segundo o el tercer puesto en una votación. Repudiar una elección es no ir a votar; repudiar a uno o más candidatos es votar en blanco o anular la boleta con una tachadura generalizada. Aquellos que combaten el repudio y lo califican de voto inútil son los sufren porque esos votos les daría de comer un largo tiempo. Toda expresión, positiva o negativa, es una opinión y tiene el valor de un voto. El mismo Kirchner gobierna con un poco más del 20% del voto afirmativo. Bush en USA no recibió más del 26% en los comicios que lo designaron primer mandatario del país más poderoso del mundo, porque sólo fue a votar el 50% de la ciudadanía. El 24% restante lo recibió su contrincante. En suma, no es la mayoría ciudadana la que manda, decide y toma las grandes medidas, sino los representantes de una minoría que no supera el 26% del electorado. De allí a la guerra de Irak y el robo del petróleo iraquí, sólo hubo un mal paso “democrático”. Así como se dijo al iniciarse esta I República que tenemos “sepa el pueblo votar”, hay que fundar la II República con la sugerencia “sepa el ciudadano agredido, discriminado, hambriento, victimizado, no votar a sus verdugos, no votar a sus castigadores, sólo votar a los honrados y competentes y, si no los hay, abstenerse y forzar una nueva votación”. Es preferible estar un mes votando y no elegir a miserables que victimizarán a la población durante dos y cuatro años, sin derecho a echar a nadie antes de cada período. El juicio político en la Argentina es tan excepcional que una simple mayoría en una cámara lo torna irrealizable. No así en Tierra del Fuego, donde una previsión constitucional da derecho a echar hasta el mismísimo gobernador. Si el ciudadano no ejerce el voto en toda su potencia y calidad, la respuesta es “hágase cargo y no hable hasta los próximos comicios; déjese de carteles, gritos, bombos, ruido, estridencia, piquetes, protestas en la cocina y el trabajo; no moleste a los demás con sus “paradas” de revolucionario y sus disculpas de ignorancia. Hágase cargo y sufra. Es lo que ha votado. ¿O piensa echarle la culpa a otros mientras continúa siendo, por enésima vez, la víctima del poder que usted mismo votó? |
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